El primer fanático de tu marca tenés que ser vos

Dueño de una ferretería convertido en el primer fanático de su marca, junto a su equipo y comunidad

Pensá tu negocio, por un segundo, como un equipo deportivo. Vos sos el presidente del club. Tu gerente es el director técnico. Y tus vendedores son los jugadores que salen a la cancha todos los días a dejar todo. Ahora pará y respondé una sola cosa: ¿quiénes son los clientes en esta historia? No son los jugadores. Son los hinchas. Los que pagan la entrada, compran la camiseta y eligen tu equipo entre todos los que había.

Un gol es una venta. Y con goles solos no alcanza.

Cada gol es darle al hincha eso que vino a ver: una venta, una recomendación, un logro que te mantiene arriba en la tabla. Buenísimo. Pero levantá la vista. Enfrente no tenés solo a otros equipos: tenés otros deportes, otras canchas, mil pantallas peleando por la misma atención. La pelea por que te elijan hoy, y por que te sigan eligiendo mañana, es feroz. Ganar el partido de hoy no te asegura que el domingo la cancha esté llena.

El techo, adentro y afuera de la cancha, es el fanático

Fijate lo que pasa cuando mirás tu negocio así: todos llevan puesta la misma camiseta y tiran para el mismo lado. Y el máximo nivel al que se puede aspirar, seas jugador o estés en la tribuna, es el mismo: ser fanático. El que se pone la bandera al hombro frente al rival. El que deja todo por esos colores aunque el marcador venga en contra. Un cliente mira el partido. Un fanático se pone la camiseta.

El primer fanático tenés que ser vos

Nadie va a hinchar por tus colores más fuerte que vos. Ser el primer fanático de tu propio negocio no es soberbia. Es por donde se empieza. En concreto, son tres cosas:

  • Una identidad y una voz propias, que no pueda copiarte ni otro equipo ni otro deporte.
  • Un plantel donde cada uno lleva la camiseta puesta, no solo los que meten goles.
  • Gente que no juega únicamente para cerrar la venta, sino para sumar a la hinchada.

El fanático te sigue aunque no haya partido

Acá está la diferencia de fondo. El hincha de verdad no aparece solo el día del partido. Sigue con la camiseta puesta el lunes, con la cancha vacía, cuando no se está jugando nada. Eso separa a un cliente que te compra cuando hay oferta de un fanático que te sigue incluso cuando el producto o el servicio ya no está en pantalla. Preguntate una cosa: si mañana bajás la persiana una semana, ¿alguien te extraña? Ahí tenés la cuenta de cuántos fanáticos construiste.

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